van gogh terapia

Me gustaría hablaros de un mito culturalmente muy extendido: el del poeta maldito o genio loco (que son el mismo, uno en versión neurótica y el otro en patológica). Este mito viene con la creencia asociada de que la locura genera creatividad. Cuando digo “locura” no penséis en “excentricidad”. Lo nuclear en el poeta maldito no es su excentricidad sino su sufrimiento (sufre y hace sufrir mucho también). Lo que se deduce del mito esencialmente es que el sufrimiento genera creatividad. La exaltación de este mito y la fascinación que conlleva la vemos por todas partes (toda producción cultural que se precie que gire sobre la vida de un artista, ya sea este poeta, pintor, actor o cantante subrayará bien subrayado cuanto sufrió y cuan desgraciada fue su vida). Y hay algo muy peligroso en esto. Por una parte supone una suerte de banalización del dolor ajeno (hay algo de “ua, cuanto sufrió, como mola”). Y por otra, a quien se identifica con él lo deja en una especie de callejón sin salida, como si arte y sufrimiento tuvieran que ir necesariamente cogidos de la mano, como si fuera un precio a pagar. Creer esto convierte al artista de alguna manera en alguien “irresponsable” con respecto a su sufrimiento, como si no estuviera en sus manos. “Como soy artista tengo que sufrir” y la consiguiente espiral de (auto)destrucción que conlleva. Y es que, viviendo bajo este paradigma, parece que tengamos que elegir entre ser artista o ser feliz. Y vista así es una decisión muy difícil porque renunciar a ser artista es renunciar a ser uno mismo.

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