Existe la imagen popular del “artista torturado”,  que invita a pensar que una cosa tiene que ir irremediablemente ligada con la otra. En este artículo hablo en profundidad de este tema y de cómo un acompañamiento terapéutico respetuoso puede ayudar al artista a tener una buena relación con su gran sensibilidad, que es la causante tanto de sus inclinaciones artísticas como de su tendencia al sufrimiento.