La exigencia del mercado y la necesidad de diferenciarse de la competencia coloca cada día a las empresas ante la tesitura de saber qué elementos deben cultivarse dentro de la organización para fomentar la excelencia y obtener los mejores resultados.
 

El conocimiento de que disponen los profesionales es un elemento clave, sin duda, para ofrecer un buen producto o servicio a los mercados, pero es indiscutible que en el s.XXI las empresas que sean capaces de sobreponerse a los envites del mercado con mejor nota serán aquellas que hayan entendido que las relaciones humanas, tanto internas como externas que cada organización sea capaz de establecer y mantener a través de sus equipos humanos, serán el valor añadido esencial que marcará la diferencia.


Los clientes, los accionistas, los proveedores, los medios de comunicación y la ciudadanía son elementos que juegan cada vez más un papel en el ámbito organizacional, porque las corporaciones no pueden vivir al margen de ellos. Eso obliga a cultivar las habilidades relacionadas con la comunicación interpersonal y a trabajar elementos del perfil competencial que hasta hace un tiempo nadie se planteaba, como la empatía, la capacidad de escuchar o la de abordar el conflicto desde la inteligencia emocional.

 
Las habilidades de comunicación, cooperación y colaboración, de liderazgo para los directivos, y todo aquello que signifique poder interrelacionarse en un marco de respeto hacia uno mismo y hacia el otro, se convierten en un elemento de valor estratégico que permite a las empresas incorporar a través de ese nuevo paradigma una ventaja competitiva. Es importante, pues, trabajar en este campo desde las iniciativas que las propias empresas pueden poner en marcha a través de sus departamentos de recursos humanos o bien, con la colaboración de externos que puedan aportar su experiencia y conocimiento en este ámbito.
 
Las compañías que siguen trabajando desde el antiguo paradigma del “ordeno y mando”, que no mantienen una relación cuidada con los trabajadores, que creen que los proveedores le deben todo y que los clientes deben adecuarse a su manera de hacer las cosas, están perdiendo la oportunidad de sobrevivir en un mercado que demanda cada vez más una atención que está vinculada a una buena escucha. ¿Hacia qué lugar común pueden caminar todos estos elementos clave para una empresa si se maltratan o no se escuchan mutuamente? ¿Llegarán fácilmente a alcanzar sus metas? No se trata de hacerse amigos del alma como para fundar un club de intereses comunes, se trata de trabajar los lazos que se fundamentan en la confianza, el respeto mutuo, la voluntad de colaborar, la empatía y la escucha, y caminar juntos desde ese entendimiento.
 
Ser capaces de mejorar estos elementos esenciales en la comunicación humana no es solo algo que facilita las metas de las empresas, sino que favorece también que las personas que forman parte de los equipos de trabajo se sientan valoradas, mejoren sus relaciones personales y trabajen motivadas y comprometidas.
 
El aprendizaje en competencias emocionales es, por tanto, un valor seguro en el que invertir, tanto para las personas como para las organizaciones.